14 de noviembre de 2011

FREUD

Acabo de soñar contigo.
Nos veíamos dentro de 5 o 6 años. Recuerdo nuestras caras, las sonrisas,
los ojos brillantes.
Qué felices estábamos, tenías que habernos visto.
No me explico cómo de repente y con bastante facilidad encontraba a otra
persona con la que abandonarte, un cualquiera, y me iba, a cualquier parte,
y te dejaba ahí, solo.
Te dije "ahora te llamo".
Te lo decía varias veces; "ahora te llamo".
Como si al decirlo más veces lo hubiera llegado a hacer.
Que no lo hice.

Al volver ví la servilleta en blanco encima de la mesa. Te habías llevado el reloj.
Salí corriendo, buscaba por todas las salidas, una vez, y otra, y otra vez, con el
miedo en la garganta, que me dolía hasta el pecho.
Ese mismo dolor ha sido el que me ha hecho toser y ha hecho salir a mi cuerpo
a la realidad.

He entendido que, aunque me apenaba mucho perderte, y aunque era tal la
desesperación de no encontrarte, tú no ibas a esperarme y yo no iba a
tenerte nunca entre mis prioridades.



Qué absurdo,¿no?

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