No era la primera vez que viajaba en el tiempo
no sabía si en esta ocasión podría regresar
no de una pieza.
La jefa del ejército
volvía con una bomba en el pecho
negro, ahumado
donde habitan los monstruos
donde la rabia es fuego
derritiendo todo a su paso hasta mi boca
afónica
cómo iba a pedirte que me entiendieras
si en cada asalto ponías más distancia entre los dos.
Kamikaze
me dirigía a ti como un misil
contra un blanco inmóvil
el punto donde hacerte el mayor daño posible
en esa batalla decisiva
despiadadamente.
Después del impacto
con el agua desde los pies hasta las sienes
enterrada, golpeando hacia la superficie
las líneas de defensa estaban de nuevo intactas
atravesé la barrera y empujé con fuerza
hasta salir de aquel agujero
en un espectáculo de llamas y combustión
había recuperado mi identidad perdida
pero todavía no lo sabía.

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