Sus attires no podían ser más adecuados:
ella con su chaqueta naranja
gritando en todas direcciones 'esto es la guerra'
y él con su cazadora verde militar
intentando esquivar las balas.
Aquello no iba a acabar bien,
podía olerse la sangre.
Estaba segura de que era suya.
No era la primera vez
que venía de vuelta del infierno

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