Estás unos días en casa de tus padres
y de alguna manera te has encontrado
con un diario que escribiste hace 10 años
en las manos
asomándote al precipicio.
Sabes que te vas a lanzar al vacío
a los pensamientos de entonces
tan iguales a los de ahora
y a la vez tan distintos.
Es como abrirte en canal
capa tras capa
y ver los fantasmas que tenías enterrados
ahí dentro.
Es curioso que se quede este amargor en la boca
cuando conseguiste todo lo que siempre habías soñado.
No es fácil revivir esos momentos
que te hicieron daño
la pérdida de la inocencia
recordar como si no hubiera pasado el tiempo
esa teenager que tienes dormida en tu interior.

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